domingo, 24 de enero de 2016
El Bisonte
Había algo en el cuarto. Algo que hacía chasquear los pequeños pelos de su pantorrilla.
Se acomodó bajo el enorme cuadro de ''el beso''y mojó sus tenues labios femeninos en aquel vaso de whisky.
Sonia tenía miedo, mucho miedo.
Las paredes la observaban y ella se hundía, cada vez más, en ese tobogán filoso y febril a través de sus recuerdos.
Su corazón se transformó en un repiqueteo.
La luz tibia del pasillo se escurría por debajo de la puerta de entrada y dibujaba fantasmas en el ambiente, el oscuro ambiente.
Definitivamente ya no estaba sola allí dentro.
Levantó el vaso y brindó con su huésped inoportuno, regalandole una tímida sonrisa de ojos entreabiertos.
Los ojos de los amantes del cuadro comenzaron a moverse y a mirarla fijo, escudriñándola.
Sonia arrastraba sus pies descalzos sobre ese piso frío de mármol, casi como haciéndose el amor.
De pronto, las paredes comenzaron a temblar, los libros en la biblioteca de cañas, el brandy, las frutas secas en los estantes. Aquél soldado orgulloso de hierro cayó del aparador antiguo.
Ella sabía lo que sucedía.
Abrió sus rodillas y levantó, lentamente, su vestido.
Su miedo se convirtió en letargo.
Sus discos de vinilo se derritieron dentro de sus respectivas fundas.
''-Te estuve esperando''- se le oyó decir.
Y se abrazó lo más que pudo, entre sonidos roncos y ecos de melancolía.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario