La avenida habia empezado a rugir, hacia frío y queria volver a casa, lejos de los flashes y las luces fluorescentes, lejos de las ropas de marcas y las pantallas como avispas. Hacía un rato ya que lloviznaba. El café era agua y exhalabamos unas nubes de humo que cotaminaban la escena. Había un juego molesto en la meticulosidad, pegajoso diría yo. Bah, que se yo, nos mantenía despiertos.