Dentro
de la vieja cajita de madera, estaba él con el pijama puesto.
Con una cara que
recordaba mejores épocas,
y una jeringa que colgaba de su brazo
todavía frío;
todavía esperando circular.
Sin fin de sentimientos enredados,
eclipsados por
el sólo hecho de existir.
Aunque sólo sea eso, aunque todos pensaran que de su
máscara anterior
nadie se atrevería a insinuar que alguna vez fue humana,
sensible y transparente;
cristal trágicamente cayendo, trágicamente
rompiéndose
en la arena del tiempo que no pasa.
El sol cae extendiendo su sombra en la
extensa pradera,
donde muchos años atrás juraron su amor a la nada,
retorciéndose del fuego ardiendo.
(2013)
(Cadáver exquisito escrito con Ludmila Failde
el jueves 1 de agosto de 2013)
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